El paisaje ya estaba allí
En La Pajarilla, la primera decisión fue reconocer que el lugar no necesitaba inventarse de nuevo. Las encinas, las rocas, la pendiente y la luz de la Sierra de Madrid ya componían un paisaje con identidad. Recorrer el terreno permitió entender el agua, la sombra y las vistas que debían conservarse. El jardín naturalista aparece así como una continuidad del entorno, cercano a la vivienda y todavía unido al carácter abierto de la sierra.
